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CAFÉ PARA TODOS

La información es más clara cuanto más alejada esté de los grandes medios de comunicación. Alberto Arce, Ricardo García Vilanova, y su traductor en Afganistán Sayed Zafar, han realizado un trabajo independiente que nos ayuda a acercanos a la realidad de una de las zonas más calientes del mundo. Un país devastado por la prepotencia de Occidente y el fundamentalismo islámico.

En junio de 2010, este equipo de periodistas viajaron a Afganistán en busca de respuestas veraces, aquellas que guardan las personas corrientes, la gente que cada amanecer padece la ira de las políticas internacionales. Entre los trabajos que presentan en la RED, me quedo con un capítulo llamado "El General". Este breve documental retrata a un alto mando de la policía Afgana; un hombre avenjentado de edad mediana que ha participado en las tres últimas guerras del país.

El General

El General no sabe de informes de la OTAN, ni de filtraciones secretas de Wikileaks pero conoce profundamente lo que ocurre en su tierra. El Estado está perdiendo una guerra civil que desangra al país. Los talibanes dominan a un pueblo hambriento de paz y de pan. Los acuerdos para crear un gobierno cercano a las grandes potencias solo han dejado corrupción y debilidad.

En 2012 comienza la retirada de topas internacionales en Afganistán ¿que ocurrirá entonces?. El General explica que será necesario un pacto con los talibanes, de lo contrario el país nunca podrá aliviarse de la masacre de la guerra civil. No habrá paz sin un pacto por el poder. Este análisis difiere de las informaciones que a diario leemos en la prensa. Lejos del control y la pacificación que nos venden, los radicales tomarán parte del poder, impondrán su religión suicida, mutilarán las libertades, ahogarán a la sociedad en la osuridad de su fe... Yo me pregunto. ¿Para qué ha servido tanto odio?, ¿tanta sangre?, ¿tanta hambre?...

De nuevo Occidente midió mal sus fuerzas y sembró terror y pobreza, en un lugar que agonizaba. De nuevo una batalla perdida y cientos de miles de seres humanos serán abandonados en la injusticia perpetua.

Si queréis ver el video podéis pinchar también en este enlace

 Gervasio Sánchez es un experimentado periodista especializado en denunciar la violencia y el horror de las guerras. Hoy he leido el discurso que pronunció cuando le entregaron el premio Ortega y Gasset; palabras que expresan la coherencia de este periodista comprometido con el "Hombre", palabras que disparan verdades a los oidos de los políticos españoles, responsables de la venta de armas españolas; que siembran dolor y pobreza a cambio de la riqueza de unos pocos. Este es un extracto de su denuncia:

(...) Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado. Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas. Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas. Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos. Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Mientras hablamos de dictadores en Libia, Egipto, Túnez… África se desangra por la lucha de las grandes potencias occidentales productoras de tecnología para teléfonos móviles y ordenadores. La República Democrática del Congo es la mina del oro “gris”; el único territorio del mundo que posee el 80% de las reservas mundiales de Coltán, mineral imprescindible para la fabricación de teléfonos móviles, ordenadores… En nuestro mundo, materias primas estratégicas es sinónimo de guerra. Desde 1998 la RD del Congo sufre enfrentamientos armados por el control del mineral y la invasión del ejército de Ruanda y Uganda en parte de su territorio. La ONU sabe que el ejército Patriótico Ruandés supervisa parte de la actividad minera en Congo. El Coltán se traslada en camiones a Ruanda donde es tratado antes de su exportación a Estados Unidos, Alemania, Holanda, Bélgica y Kazajistán. El negocio del Coltán financia la guerra en la que han muerto más de 5 millones de personas y 300.00 mujeres han sido violadas, cifras equiparables a las que se produjeron en la II Guerra Mundial. La Lucha por el Coltán está produciendo el mayore genocido de nuestto siglo pero nadie habla de ello en las noticias. De todo esto habla el documental Blood in the Mobile. Su director, Frank Poulsen viajó a la RD del Congo; ha visitado las minas controladas por grupos armados que se enfrentan por su control, donde los niños trabajan en condiciones deplorables. Tras su viaje el director trata de buscar respuestas en las grandes compañías de telefonía móvil. ¿Están comprando Coltán manchado de sangre? ¿Debemos los usuarios exigir a las compañías que garanticen la legalidad de sus materias primas? Antes de comprar un teléfono ¿debemos exigir a las compañías la garantía de su comportamiento responsable?

 

Vomito al leer la Historia de Somalia, y comprender . Un país rico en reservas de petróleo sin extraer, una costa de 3.300 kilómetros, vitales para el control del tráfico marítimo en el Océano Índico. Quien someta a Somalia, domina el flujo de mercancías entre África, India y China, incluido el petróleo de Oriente Medio. Un desafío para el viejo Imperio – “Dios salve a Norteamérica”- acosado por las potencias emergentes.

El hambre en Somalia es una historia de marionetas y Política Real de grandes beneficios, estrategias geopolíticas y errores catastróficos. No hablaré de la definición de sus fronteras tras la retirada colonial, del pulso por su control en la “Guerra Fría”, de los combates entre Somalia y Etiopía para ganarse terreno. “Alimenta el odio”, “Divide y vencerás”, “desestabiliza y controlarás”. Pero sí hablaré de los desastres de la guerra y de la deuda millonaria somalí por la compra de armas -¿quién se enriqueció?- y de los ajustes impuestos por el FMI que aniquilaron la estructura de su economía tradicional. Somalia pagó muy cara su ambición.

En los años ‘80 el FMI impuso cambios fundamentales para poder cobrar la Deuda de la guerra. La economía nómada-pastoril, debía reinventarse hacia una actividad comercial estable para la exportación. Las reformas económicas rompieron la relación de intercambio entre pastores y pequeños agricultores que realizaban transacciones mediante dinero y trueque. El FMI obligó a Somalia a eliminar la subvención al grano autóctono y a abrirse a las importaciones… En forma de “ayuda alimentaria” millones de toneladas de sacos de trigo y arroz de EEUU invadieron el mercado - ¿quién se enriqueció?- y aniquilaron los precios y los hábitos de consumo –maíz y sorgo- y destruyeron a los agricultores del país. La guerra contra Etiopía y las reformas impuestas por FMI para reducir el gasto público – que Europa se agarre los machos- pusieron a Somalia de rodillas.

En los ’90 llegó el “deseado” caos y la descomposición del país; 63 partidos políticos aspiraban a controlar una población de 3 millones de habitantes. Se crearon territorios autónomos. Los Tribunales islámicos- el 99% de la población es musulmana- y los señores de la guerra –financiados por EEUU- competían por el poder sembrando terror y pobreza. Etiopía devuelve la visita e invade Somalia con armas “made in” EEUU.Y de nuevo llegaron las hambrunas que se quedaron grabadas en la retina de la opinión pública mundial.

En 1996 George Bush (padre) envió una misión “salvadora para restaurar la esperanza”; comandos militares de élite para asegurar el reparto de la ayuda de emergencia. Todos recordamos la película “Black Hawk Derribado”. Pero el objetivo no era el hambre sino, de nuevo, el control de un país islámico de importancia estratégica, con millones de barriles de petróleo bajo la tierra y 4 compañías norteamericanas aspirando al botín: Conoco, Amoco, Chevron y Phillips.

Somalia entró en el siglo XXI con el apellido “Eje del mal”. Ahora dicen que el problema es Al Qaeda y la expulsión de las Ongs internacionales, la sequía -¿tendrá que ver el cambio climático?-, y la subida de los precios de los alimentos con los que los capitales del mundo especulan para refugiarse de la crisis. Pero a mí no me la dan. 

El problema es la lucha por los recursos, por el poder y la primacía mundial de las grandes fortunas de siempre en manos de unos pocos; asesinos. No importa cuántos mueran ni de qué forma. Siempre queda el lavado de cara, las galletas nutricionales, y la voluntad de unos cuántos para parchear el intenso dolor que genera la inmundicia humana. Ya lo decía mi abuela: “Quien siembra vientos, desata tempestades”. Ninguno de nosotros, de momento espectadores del horror, estamos a salvo.

Una producción de
El sótano.doc
TVE
Con la colaboración de
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