No es que quiera ser crítica, pero
¿De verdad es posible que Bill Clinton se haya dado cuenta ahora del mucho daño que hizo su decisión de obligar al gobierno haitiano a bajar los aranceles para que el arroz americano inundara el mercado local? Lo leo en un artículo de Almudena Grandes que a la vez lo recoge de un interesantísimo blog: ideascontralapobreza.blogspot.com.
Pero vayamos primero al mea culpa de Bill Clinton al que, dicho de paso, no le quito mérito: Tengo que vivir cada día con las consecuencias de una decisión mía que fue, quizá, buena para alguno de mis granjeros de Arkansas, pero que fue un error porque trajo también como resultado la pérdida de la capacidad de producir arroz de Haití, y consecuentemente, de su capacidad para alimentar a su pueblo. Fue resultado de algo que hice yo. Nadie más.
Vale, pero no está de más recordar que en su momento a Bill Clinton le asesoraron varias ongs sobre lo que iba a pasar y ha pasado. El arroz americano, subvencionado por el gobierno americano, claro, era más barato que el producido en Haití y los campesinos acabaron emigrando a los pobres suburbios, ya atestados, de la capital. Y ahora espero poder contar la segunda parte: que Bill Clinton consigue en las próximas negociaciones de la Organización Mundial del Comercio cambiar estas leyes comerciales injustas que estrangulan a los agricultores de tantos países pobres. ¡Cuántas bocas agradecerían que del perdón pasaras a la acción!














