El escritor uruguayo, Eduardo Galeano, oficio una misa laica por la solidaridad. Estaban convocadas las almas rotas por un mundo injusto y una abrumadora asistencia desbordó la sala de conferencias y las calles adyacentes al lugar de reunión.
La conferencia hizo saltar el servidor de internet que emitía el acto para todo el mundo y desbordó las expectativas. Miles de personas querían escuchar lo que todos sabemos y nadie dice, en voz y letra de un escritor que sabe contar como nadie las cosas como son.
Este poema suyo está dedicado a quienes no puedieron oir de viva voz sus textos:
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.


El auditorio de Caixa Fórum, en Madrid, abre sus puertas a la serie 











